de Piojó durante mi primer gobierno (2008-2011). Llevamos 400 kilómetros de tubería al territorio más alto del departamento, un pueblo que llevaba más de 450 años —hoy tiene 493 de fundación— bebiendo agua “gruesa”.
Cuando una mujer me dice con esa gracia Caribe: “¡Hey, Verano, gracias! Ahora el champú sí me hace espuma y ya no tengo el pelo reseco”, siento una satisfacción invaluable, ahí está mi caudal de razones del porqué vale la pena ser político.
Los logros hay que contarlos, así te tilden de presumido, porque estos mínimos cumplidos nos permitirán cerrar este tercer mandato en 2027 con más de 1.200 obras que aportan a la transformación integral del departamento.
En este proceso no he estado solo. Ha sido una carrera de relevos. En 2004, Carlos Rodado Noriega inició la cruzada del reemplazo de los pozos profundos que dio como resultado una gran ‘revolución de las pequeñas cosas’ en las cabeceras municipales.
Nosotros seguimos esa senda, fortalecimos el Plan Departamental de Aguas con $400.000 millones e iniciamos la regionalización de los acueductos para ganar eficiencia. Ese mismo sendero lo continuó José Antonio Segebre, luego le pusimos el acelerador en mi segundo mandato, tomó el testigo Elsa Noguera y hoy, en este tercer gobierno, el ímpetu sigue intacto.